
Arnau Folch
Bienvenido a Llegendàrium. Me llamo Arnau Folch y espero que este espacio te permita descubrir y disfrutar de narraciones tradicionales procedentes de culturas de todo el mundo.
Soy autor de ensayos e investigador especializado en los cuentos de tradición oral y en géneros como la leyenda, el cuento tradicional, la fábula y la balada. En 2017 fundé Llegendàrium, un proyecto independiente dedicado al estudio y la divulgación del folklore narrativo. Durante su primera etapa, entre 2017 y 2024, publiqué centenares de artículos centrados principalmente en la tradición catalana y reuní una amplia comunidad de lectores interesados en estas materias.
En 2026, Llegendàrium inicia una nueva etapa editorial, ahora con una perspectiva comparada e internacional. Sin abandonar el folklore catalán que constituye su origen, el proyecto amplía su mirada hacia el folklore europeo y mundial, las relaciones entre culturas y la persistencia de estructuras tradicionales en el imaginario contemporáneo.
He publicado con la editorial Hermenaute una trilogía de ensayos dedicada a las expresiones más censuradas, soterradas y oscuras de la tradición oral catalana, analizadas en relación con cuentos de otras culturas y de todos los tiempos: Rondalles de Sang (2021), Rondalles de Difunts (2022) y Rondalles del Diable (2026). Los tres volúmenes recuperan y analizan narraciones sobre el crimen, la violencia, la muerte, el regreso de los difuntos, el mal y la figura del diablo, pero también sobre los miedos, los conflictos, los amores, las esperanzas y las contradicciones de las comunidades que las transmitieron.
Actualmente estoy terminando dos nuevos ensayos sobre folklore, previstos para 2027, con temáticas diferentes de las de la trilogía anterior. Entre mis otras líneas de trabajo se encuentran la pervivencia de los arquetipos y los motivos folklóricos en la cultura popular, la circulación internacional y el estudio comparado de leyendas y cuentos tradicionales, así como la recuperación contemporánea de los relatos tradicionales y las formas de transmitir este patrimonio a nuevos lectores, sin simplificar ni diluir su complejidad.

Una manera de entender el folclore
A través de mis libros y de Llegendàrium quiero contribuir a hacer visible la riqueza de la tradición oral y mostrar que el folklore no es ni una forma de escapismo ni una polvorienta reliquia del pasado que contemplamos con cierta condescendencia. El folklore narrativo es una materia viva, rica y poderosa. Continúa transformándose y nos acompaña incluso cuando no lo vemos o lo consideramos perdido. Aparece bajo las formas más inesperadas.
Entre los cerca de dos mil quinientos tipos de cuentos tradicionales catalogados encontramos experiencias humanas de todo tipo. Este patrimonio no habla únicamente de seres fantásticos y mundos maravillosos. También contiene narraciones realistas, irónicas, burlescas, trágicas o cotidianas. En los cuentos, la frontera entre fantasía y realidad importa poco, porque todos hablan de lo que somos mediante un abanico inmenso de emociones y vivencias compartidas: el miedo, el deseo, la violencia, el humor, la pérdida, la muerte y la esperanza.
Así pues, los cuentos de tradición oral constituyen un inmenso archivo de la experiencia humana, transmitido de generación en generación por miles de voces diferentes que han dejado en ellos la huella de sus vivencias: hombres y mujeres, niños y ancianos, personas de todas las épocas y de todos los continentes, lejanas y cercanas, muy diferentes de nosotros y, al mismo tiempo, profundamente semejantes. Es un legado colectivo de un valor incalculable, construido a lo largo del tiempo por una multitud de voces.
A pesar de las diferencias de tiempo, espacio y cultura, los cuentos nos muestran que, en el fondo, las personas no somos tan diferentes. Compartimos deseos, miedos y emociones, y transitamos por unas mismas etapas de la vida, desde la cuna hasta la tumba. Incluso podemos conocer, por medio de los cuentos, experiencias que todavía no hemos vivido, pero que algún día también nos tocarán a nosotros.

Mi trabajo parte, por tanto, de una idea muy sencilla: los cuentos tradicionales no son fantasías aisladas de la realidad, sino narraciones mediante las cuales las comunidades humanas han conservado, interpretado y transmitido sus vivencias a lo largo del tiempo. La tradición oral no constituye un universo separado del mundo, sino un reflejo amplio, plural y contradictorio de la vida humana, filtrado y depurado por todos aquellos que nos precedieron. Tengo la convicción de que, al escuchar estas voces, podemos reencontrarnos con nosotros mismos y reencantar la realidad que nos rodea.
Los cuentos pueden ser maravillosos, cómicos o aleccionadores, pero también crueles, inquietantes y trágicos. No nacieron para ser leídos o estudiados, sino para ser contados, escuchados y vividos. Al narrarlos y compartirlos, nos acercamos a los demás y a nosotros mismos: experimentamos qué significa ser humanos, con todo lo que ello comporta, de bueno y de malo.
En una época marcada por la deshumanización, la soledad y la aceleración de la vida contemporánea, preservar y transmitir este patrimonio es más necesario que nunca.
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